Nombrar con precisión cambia la experiencia. Pasar de “estoy mal” a “siento preocupación y algo de vergüenza” abre opciones de respuesta. En cada mini-sesión se invita a rastrear señales corporales, creencias activadas y desencadenantes, generando un mapa personal que hace visible lo invisible en situaciones diarias exigentes.
El compañero recuerda estrategias cortas y efectivas: respiración cuadrada, pausas de diez segundos, reformulación del objetivo y anclajes somáticos discretos. Practicarlas en simulaciones breves prepara el terreno para momentos reales. La repetición semanal entrena la respuesta, disminuye reactividad y aumenta recuperación tras errores inevitables.
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